Dentro
de la empresa -y fuera de ella-, ¿Cuántas veces hemos
querido actuar de forma distinta y no hemos sabido cómo
hacerlo? Hay desempeños que no nos llevan donde queremos y que
nos acarrean insatisfacción, desánimo o impotencia.
El
problema está en que no conseguimos romper la inercia que nos
conduce a cosechar los mismos resultados insatisfactorios una y otra
vez. Se nos hace difícil detectar los elementos que de ser
cambiados marcarían una diferencia importante en nuestro
rendimiento individual como directivos y el de nuestros equipos.
Frente a estas situaciones, una opción eficiente es el
Coaching Ejecutivo.
Pero,
ante una oferta en el mercado cada vez más amplia de servicios
que se presentan como coaching y de estilos y modelos de
intervención, ¿Sabemos diferenciar qué se
esconde detrás de esa palabra tan en boga y cómo
trabaja cada línea o escuela de coaching? ¿Tenemos
claros los resultados que cabe esperar de un proceso de coaching
ejecutivo para el profesional y para la organización?
¿Conocemos qué preparación ha de tener un coach?
¿En
qué se basa el Coaching Ontológico?
Más
allá de trabajar en la esfera de lo conductual (recordemos que
la palabra Coaching significa "entrenamiento" y viene del
ámbito deportivo donde el coach es el técnico que
orienta a los jugadores para lograr un desempeño mayor), el
Coaching Ontológico es sobre todo un proceso de Aprendizaje
Transformacional que se dirige al Ser desde dónde
brotan los comportamientos de la persona (ontología es una
parte de la filosofía que se define como la ciencia del Ser).
Aclaremos
que para el Coaching Ontológico, aprender no es sólo
tener información –aunque ello sea en sí
importante-, aprender es expandir la capacidad de acción
efectiva, de manera espontánea y sostenida, para hacer hoy
lo que antes no se podía o no se sabía cómo
hacer. En esta acepción quedan pues íntimamente unidos
aprendizaje y acción por contraposición a conocimiento
teórico no aplicado.
Cuando
decimos que el Coaching Ontológico se enfoca en el Ser, nos
referimos al tipo de Observador que es la persona y que
sustenta nuestro comportamiento y forma de ser.
Interpretamos
el mundo, nuestro entorno de trabajo, a las personas con quien nos
relacionamos y a nosotros mismos en función de distintos
factores (cultura, historia personal y experiencias, creencias, intereses...)
que nos convierten en un tipo de observador particular.
Nuestro observador determina las acciones que emprendemos y éstas
a su vez los resultados que cosechamos.
A
menudo, una visión sesgada de las cosas (todos,
por más amplitud de criterios y actitud abierta que tengamos
somos ciegos en algún punto),
excluye de nuestro umbral de posibilidades una determinada gama de
acciones, quedando así limitada nuestra eficacia y
satisfacción personales y profesionales.
Pongamos
un ejemplo: si tengo dificultades en poner límites con mis
colaboradores por temor a ser visto como un jefe autoritario
(interpreto que haciéndolo perderé el afecto de mis
subordinados) y comunico mis desagrados de forma confusa y en tono
inseguro, es muy probable que mi actuación genere resultados
negativos para la empresa y para mi mismo (me sentiré
frustrado o irritado ante la situación).
Mientras
yo no “aprenda” -e integre el aprendizaje desde el
cuerpo- que dar feedback crítico no está reñido
con ser un buen líder y que, antes al contrario, es una
importante competencia a desarrollar que mejorará el
rendimiento de mi equipo y me hará ganar en capacidad de
influencia, no podré actuar en forma distinta a como lo venía
haciendo.
Es
tarea del coach mostrar esta nueva interpretación desafiando
respetuosamente los modelos mentales del cliente para que éste cuestione
su percepción y cambie sus patrones de conducta por otros más
útiles. Además de ofrecerle distinciones (información)
que enriquezcan sus puntos de vista, acompañarle y apoyarle
incondicionalmente en la incorporación de las nuevas
conductas.
¿Qué
hace el coach ontológico?
La
primera tarea de todo coach ejecutivo, es definir conjuntamente con
la empresa y el directivo las expectativas compartidas en relación
al coaching (dirección y grado de cambio que la empresa espera
del profesional). Es imprescindible, además, que el coach
asista al directivo en la formulación de unos objetivos
medibles (resultados a lograr) e indicadores de éxito que
marcarán la orientación del proceso.
Ya
iniciado el trabajo, la principal labor del coach ontológico,
como hemos apuntado, consiste en facilitar al directivo un
aprendizaje transformacional que genere en éste el
florecimiento de las competencias personales y sociales que en cada
caso convenga trabajar y deje abierto el camino para lograr los
objetivos establecidos en el acuerdo de coaching.
Supongamos
que mi expectativa es conseguir de mi gente que se implique al máximo
y sea creativa e innovadora. Yo por mi parte, no tengo nunca tiempo
para escucharles (¡Son tantos los frentes que debo atender!) y
no les doy reconocimiento por el trabajo bien hecho (al fin y al cabo
es su obligación como profesionales). Además me cuesta
ponerme en su lugar cuando me comparten dificultades de su tarea y no
sé cómo estimular en ellos sus propias soluciones a los
problemas.
Ese
resultado que yo deseo de óptimo rendimiento, no me va a ser
fácilmente alcanzable, a menos que desarrolle mis competencias
de escucha, sensibilidad por las personas y de liderazgo
facilitador/coach, por citar algunas.
Áreas
de intervención del coach
-
Planificación
de metas y planes de acción.
-
Comunicación
eficaz (hablar y escuchar productivamente).
-
Desarrollo
de relaciones que favorezcan la coordinación de acciones
(competencia para crear contextos que las hagan posibles).
-
Crecimiento
emocional (diseño de estados emocionales que apoyen los
resultados deseados).
-
Liderazgo
inspirador y autoliderazgo (aprender
a ser el tipo de persona con la que todos quisieran trabajar).
-
Resolución
de problemas y negociación (inventar caminos creativos para
la superación de problemas estableciendo acuerdos con otros
que generen beneficio para todas las partes).
-
Responsabilidad
y compromiso profesionales (incrementar la libertad y poder de
acción del directivo).
-
Trabajo
en equipo (trabajar con otros tras de una visión compartida,
utilizando los talentos individuales y hacerlo desde la confianza y
el entusiasmo).
-
Visión
personal (desarrollar una manera de ser que despierte pasión
y compromiso y se refleje en la realidad cotidiana del directivo en
la empresa).
Un
coach ontológico contempla a la persona como un todo integrado
por distintos dominios interrelacionados entre sí: lenguaje,
emociones, cuerpo y espíritu y trabaja con su cliente en esas
cuatro dimensiones.
El
lenguaje es esencial: qué se dice, para qué se dice,
cómo se dice y qué resultados se obtiene con ello. El
coach ayuda al directivo a sostener conversaciones productivas
consigo mismo –qué me digo- y con los demás para
ganar en equilibrio interior, mejorar su identidad pública
profesional y elevar el desempeño individual y conjunto de las
personas a su cargo.
El
coach presta especial atención a las emociones, pues éstas
son determinantes en los resultados que se obtienen en las
organizaciones. La emocionalidad por si misma actúa como
predisposición a “hacer” o “dejar de hacer”
y provoca que ciertos resultados sean posibles y otros no.
Estados
de ánimo como el resentimiento y la resignación tan
íntimamente ligados a la baja productividad en las empresas,
son fácilmente detectables por el coach ontológico que
sabe cómo desactivarlos de raíz y como generar en su
lugar en la persona, aceptación y sana ambición como
precursoras de la proactividad.
Además
de enfocarse en lo cognitivo (interpretaciones, creencias, diseño
de objetivos y planes de acción, etc.), en la esfera del
lenguaje (mejora de la comunicación) y en los estados de ánimo
que transita el directivo, el coach ontológico tiene en cuenta
la dimensión del cuerpo y sabe “leer” en la
postura general, gestualidad y fisiología que muestra su
cliente.
En
tanto que el cuerpo está en íntima conexión con
el resto de dimensiones de la persona, intervenir en dicho dominio
acelera el proceso de cambio elegido por el directivo e incluso
deviene imprescindible para que éste se estabilice.
Nos
queda finalmente hacer una breve referencia al dominio espiritual.
El
coach tiene muy presente la necesidad de conexión del ser
humano con algo mayor que uno mismo para dar sentido a lo que hacemos
y acompaña al directivo para que sea todo lo que puede llegar
a ser. Le
conecta con su visión, misión y sus talentos y le
alienta a poner en funcionamiento sus valores más profundos y
su creatividad al servicio del trabajo diario en la organización.
Competencias
y preparación del coach ontológico
Ejercer
el coaching de forma rigurosa requiere por parte del coach haber
seguido una formación integral (de un mínimo de 9
meses) basada en tres pilares: teoría, práctica y
desarrollo personal (por ej.: durante su entrenamiento el aspirante
tiene que pasar por un profundo proceso de coaching
transformacional).
Además
de la base de conceptos, teorías y herramientas de gestión,
es imprescindible para una sólida capacitación haber
incorporado las competencias clave para el éxito en el
ejercicio profesional.
Estas
competencias están relacionas con la habilidad para crear
relaciones de confianza e intimidad con el cliente, comunicar
efectivamente (escucha activa, preguntar poderosamente y comunicar
directamente), reconocer emociones y gestionarlas, desarrollar
comprensión en la persona, generar el cambio y pensar
sistémicamente (el
coach se centra no sólo en lo que cada persona hace en la
organización, sino en cómo cada cual interactúa
con los demás para generar los resultados esperados).
Creencias
y valores
El
coach parte de una serie de creencias sobre el ser humano, su
desarrollo y sobre el coaching en base a las cuales asienta su
práctica.
Algunas
de ellas son: que las personas disponemos de un gran potencial y de
todos los recursos internos que necesitamos para nuestro crecimiento,
que aprendemos estimulados por preguntas y con nuevas distinciones,
que podemos reinventarnos a nosotras mismos y a nuestras vidas y
diseñar un futuro diferente si nos comprometemos firmemente
con ello, que en la vida no hay fracasos, sólo resultados de
los que podemos extraer valiosos aprendizajes, que nuestras
expectativas sobre las capacidades de otros tienen un impacto directo
sobre su actuación, que nuestras creencias crean nuestra
realidad, que la información no cambia nuestra vida y la
acción sí lo hace.
Otra
vertiente a tener en cuenta son los valores que enmarcan el ejercicio
de la profesión de coaching: Legitimación del otro
(respeto de cada persona como un ser diferente), responsabilidad por
las propias acciones, compromiso con la palabra dada y respeto
sincero por todas las creencias, filosofías y costumbres.
Pero
quizá, lo más importante que ha de emanar un coach es
congruencia (lo que pienso, hago y digo está alineado), siendo
un modelo de conducta en su rol profesional y fuera de él.
Sólo puede hacerse auténtico coaching desde ese lugar.
¿Cómo sin congruencia puede generarse credibilidad?
Para
ello, el coach está comprometido con su propio desarrollo
constante y se mantiene atento a sus puntos ciegos sometiéndose
periódicamente a procesos de supervisión de su
desempeño profesional.
Elena
Porté Solano
Coach
Ejecutivocoaching@elenaporte.com
Socia fundadora de AEPCO
coaching@elenaporte.com
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