La vida por etapas en lo laboral-profesional
  por Hebe Pousadela
 

 

Comenzar y terminar una carrera profesional en una empresa o dedicarte una misma actividad parece cosa del pasado.
Tal como viene transcurriendo nuestra vida, podemos esperar ocupar cerca de diez puestos de trabajo y seguir varias carreras profesionales diferentes.
Algunos cambios los iniciaremos por voluntad propia, obedeciendo tal vez a una inquietud que nos dice que ha llegado la hora de partir. Otros cambios nos vendrán impuestos por los acontecimientos.
En ciclos tan comprimidos y acelerados como los que nos toca vivir-ciclos de producto, económicos, de empresas, de carreras profesionales-, la gente no entra en sincronía con lo que está haciendo. Los tiempos en que vivimos no se caracterizan por la estabilidad laboral, por bueno que uno sea en su trabajo.

¿Cuál sería una de las posibles interpretaciones de esto?
Se me ocurre que la capacidad de adaptación será más importante que adquirir conocimientos específicos, y que la manera de elegir será tan importante como la elección misma.

Esta multiplicidad también nos lleva a considerar los espacios entre los puestos de trabajo y las carreras profesionales como muy importantes, tanto como los propios trabajos.
Transitar esos espacios supone ser flexibles y concebir la vida como un proceso continuo de creación, pues en esos espacios es donde podemos determinar qué tipo de persona vamos a ser, qué trayectorias nos vamos a trazar.

Ante este posible escenario propongo que empecemos a ver que nuestra vida puede estar dedicada a desarrollar aspectos diferentes de quien somos, de lo que aspiramos ser y de la manera en que queremos vivir.

La historia de nuestras vidas puede ser considerada como una serie de capítulos, cada uno de ellos dedicado a una expresión distinta de nuestros talentos y aspiraciones.

Un capitulo de nuestras vidas puede estar dedicado a adquirir dinero o posición social, otro a enseñar o prestar servicio a nuestra comunidad,  otro centrarse en nuestros hijos. No tenemos que serlo todo en cada momento.

Hay un momento de partida, aunque no haya un lugar determinado adónde ir

Siempre habrá personas que mirarán a su alrededor y pensarán que hay otro lugar en el que preferirían estar, otro tipo de trabajo que quisieran estar haciendo, otra vida que les gustaría vivir. No obstante se quedan donde están.

¿Qué hace que nos quedemos cuando nuestra conversación interna nos dice que nos vayamos?

En general hablamos de miedo. De miedo al cambio.
Pero he observado que lo que nos da miedo es el vacío con que nos amenaza la aceptación del cambio. Es el miedo a “la nada”.  Ese no saber qué nos espera mas allá, sin fe en que lo que venga sea mejor que lo ultimo que teníamos, es lo que nos tiene aferrados a lo antiguo.
Tal como si fuéramos saltando de piedra en piedra a través del lecho de un río, lo que nos asusta no es el punto de partida ni el lugar de aterrizaje sino el espacio que media entre ellos.
Entonces para tomar la decisión de partir hemos de aceptar el temor que esos espacios nos producen  y aprender a conducirnos  a través de ellos, observándolos como nuestros espacios de posibilidad, nuestros espacios para el diseño de quien queremos ser.

Legitimando lo que nos pasa

Nuestra cultura actual es muy diferente de las culturas más tradicionales en las que el cambio era mucho más raro y mas sujeto a rituales bien establecidos que reconocían la incomodidad y tranquilizaban a sus miembros mediante puntos de ruptura.

Opino que nos faltan  conversaciones que faciliten estos pasajes, que acrecienten nuestro grado de aceptación del mundo cambiante en el que vivimos y  que nos ayuden a afrontar los despidos, a arreglar nuestros propios despidos.
Cuando consideremos a esos cambios y  transiciones como legítimas, las palabras para hablar de ellos saldrán por sí solas. En general estos temas son aun inconversables.

Cerrando una etapa

En nuestra cultura muchas veces eres lo que haces.
Si dejas tu trabajo o anuncias al mundo que vas a dejarlo estarás dejando algo más que un cargo y sueldo. Estarás abandonando una parte importante de tu autodefinición.
Además cuando abandonas una institución también abandonas una visión compartida de la realidad.
Cada empresa crea mitos acerca de sí misma. Toda compañía elabora el relato de su cultura empresarial. En estas narraciones lo importante no es su veracidad sino la adhesión que provoca. Desde el exterior ningún mito empresarial es tan convincente como lo es al estar inmerso en la cultura.
Estando fuera de ese relato es probable que te invada la sensación de desencanto. El mundo del que te estas apartando te parece menos real. Algunas de las cosas en las que participaste ya no están bien.

En tránsito

Buscando ayuda
Si consideras que no puedes o no quieres hacer esta transición sola/o, es el momento de pedir ayuda.
Es posible recurras a la gente en la que depositas la mayor confianza (esposo/a, amigos), sin embargo estos pueden tener los mayores intereses en un resultado determinado.

Busca un coach
Un coach es alguien que puede guiarte a través de este proceso sin quedarse con participación alguna en el resultado ni con que sea uno determinado. Un coach ha de ser alguien que confíe en tu capacidad para hacer que suceda lo que tú deseas.
La labor del coach es entender el ciclo por el que estás pasando, considerar posibilidades mas allá de las que puedes ver, saber cuando acompañarte y cuando dejarte solo y mediante todo ello proyectar una confianza total en tu capacidad para avanzar desde donde estas hacia donde te estás dirigiendo, aún cuando tú mismo sigas sintiéndote como si hubieras caído en un profundo abismo a lo largo del camino.

La asistencia de un coach puede abrirte a un universo de posibilidades. Con el verás que es lo que encaja contigo y que no desde el punto de vista de lo que eras y podrías ser

El meollo de esta experiencia es la reinterpretación de tus conversaciones históricas que te dará una nueva dirección y acción. Estando más abierto a la reinterpretación y menos atado a las viejas líneas de los relatos podrás aprender cosas importantes para seguir adelante sin dejar de apreciar lo que has sido.
Y entonces  lograrás

  • Asumir la responsabilidad de tu pasado
  • Aceptar tu vida hasta hoy
  • Evaluar quien estás siendo y tus posibilidades
  • Explorar y elegir nuevos caminos
  • Desarrollar la infraestructura personal que te mantenga en el camino elegido

 Y comenzando a finalizar te pregunto
¿Qué es lo que quieres hacer con tu tiempo, tu talento, tu energía, tu vida?
¿Lo que haces hoy es lo que deseas estar haciendo?

Cuando no somos coherentes con nuestros sueños, cuando están en un lugar y nosotros en otro, sentimos que algo nos falta, que no estamos completos.

A veces no somos capaces de decirnos nuestra verdad personal. No sabemos cómo hacerlo. Decirte tu verdad y ampliar tu capacidad para sobrellevar las molestias que conllevan los cambios, es un lenguaje, un conjunto de habilidades que uno puede aprender practicando.

Si eliges una vida por etapas no va a ser una vida edificada en torno a la conveniencia. Lo eliges porque así lo quieres. Por otra parte lo que decimos que es nuestra conveniencia puede ser algo excesivamente sobreestimado.
Las cosas que son para nosotros importantes vale la pena hacerlas por hacerlas y no porque sean convenientes.

Por último, consideremos que las pérdidas pueden ser buenas para las personas y las empresas. Al igual que la red -la metáfora que define nuestro tiempo- caminamos juntos, generamos la fuerza y el conocimiento unos con otros y reanudamos el camino por separado, tal vez para reencontrarnos en algún otro lugar, en algún tiempo que ninguno de nosotros puede predecir. Esta es la manera de ser de la vida.

 

Hebe M. Pousadela
Coach personal y organizacional
hebe@creativewords.com.ar
http://www.creativewords.com.ar

   
 
Coaching Ontológico: expandiendo las capacidades directivas
por Elena Porté Solano

 

Dentro de la empresa -y fuera de ella-, ¿Cuántas veces hemos querido actuar de forma distinta y no hemos sabido cómo hacerlo? Hay desempeños que no nos llevan donde queremos y que nos acarrean insatisfacción, desánimo o impotencia.

El problema está en que no conseguimos romper la inercia que nos conduce a cosechar los mismos resultados insatisfactorios una y otra vez. Se nos hace difícil detectar los elementos que de ser cambiados marcarían una diferencia importante en nuestro rendimiento individual como directivos y el de nuestros equipos. Frente a estas situaciones, una opción eficiente es el Coaching Ejecutivo.

Pero, ante una oferta en el mercado cada vez más amplia de servicios que se presentan como coaching y de estilos y modelos de intervención, ¿Sabemos diferenciar qué se esconde detrás de esa palabra tan en boga y cómo trabaja cada línea o escuela de coaching? ¿Tenemos claros los resultados que cabe esperar de un proceso de coaching ejecutivo para el profesional y para la organización? ¿Conocemos qué preparación ha de tener un coach?

¿En qué se basa el Coaching Ontológico?

Más allá de trabajar en la esfera de lo conductual (recordemos que la palabra Coaching significa "entrenamiento" y viene del ámbito deportivo donde el coach es el técnico que orienta a los jugadores para lograr un desempeño mayor), el Coaching Ontológico es sobre todo un proceso de Aprendizaje Transformacional que se dirige al Ser desde dónde brotan los comportamientos de la persona (ontología es una parte de la filosofía que se define como la ciencia del Ser).

Aclaremos que para el Coaching Ontológico, aprender no es sólo tener información –aunque ello sea en sí importante-, aprender es expandir la capacidad de acción efectiva, de manera espontánea y sostenida, para hacer hoy lo que antes no se podía o no se sabía cómo hacer. En esta acepción quedan pues íntimamente unidos aprendizaje y acción por contraposición a conocimiento teórico no aplicado.

Cuando decimos que el Coaching Ontológico se enfoca en el Ser, nos referimos al tipo de Observador que es la persona y que sustenta nuestro comportamiento y forma de ser.

Interpretamos el mundo, nuestro entorno de trabajo, a las personas con quien nos relacionamos y a nosotros mismos en función de distintos factores (cultura, historia personal y experiencias, creencias, intereses...) que nos convierten en un tipo de observador particular.

Nuestro observador determina las acciones que emprendemos y éstas a su vez los resultados que cosechamos.

A menudo, una visión sesgada de las cosas (todos, por más amplitud de criterios y actitud abierta que tengamos somos ciegos en algún punto), excluye de nuestro umbral de posibilidades una determinada gama de acciones, quedando así limitada nuestra eficacia y satisfacción personales y profesionales.

Pongamos un ejemplo: si tengo dificultades en poner límites con mis colaboradores por temor a ser visto como un jefe autoritario (interpreto que haciéndolo perderé el afecto de mis subordinados) y comunico mis desagrados de forma confusa y en tono inseguro, es muy probable que mi actuación genere resultados negativos para la empresa y para mi mismo (me sentiré frustrado o irritado ante la situación).

Mientras yo no “aprenda” -e integre el aprendizaje desde el cuerpo- que dar feedback crítico no está reñido con ser un buen líder y que, antes al contrario, es una importante competencia a desarrollar que mejorará el rendimiento de mi equipo y me hará ganar en capacidad de influencia, no podré actuar en forma distinta a como lo venía haciendo.

Es tarea del coach mostrar esta nueva interpretación desafiando respetuosamente los modelos mentales del cliente para que éste cuestione su percepción y cambie sus patrones de conducta por otros más útiles. Además de ofrecerle distinciones (información) que enriquezcan sus puntos de vista, acompañarle y apoyarle incondicionalmente en la incorporación de las nuevas conductas.

 

¿Qué hace el coach ontológico?

La primera tarea de todo coach ejecutivo, es definir conjuntamente con la empresa y el directivo las expectativas compartidas en relación al coaching (dirección y grado de cambio que la empresa espera del profesional). Es imprescindible, además, que el coach asista al directivo en la formulación de unos objetivos medibles (resultados a lograr) e indicadores de éxito que marcarán la orientación del proceso.

Ya iniciado el trabajo, la principal labor del coach ontológico, como hemos apuntado, consiste en facilitar al directivo un aprendizaje transformacional que genere en éste el florecimiento de las competencias personales y sociales que en cada caso convenga trabajar y deje abierto el camino para lograr los objetivos establecidos en el acuerdo de coaching.

Supongamos que mi expectativa es conseguir de mi gente que se implique al máximo y sea creativa e innovadora. Yo por mi parte, no tengo nunca tiempo para escucharles (¡Son tantos los frentes que debo atender!) y no les doy reconocimiento por el trabajo bien hecho (al fin y al cabo es su obligación como profesionales). Además me cuesta ponerme en su lugar cuando me comparten dificultades de su tarea y no sé cómo estimular en ellos sus propias soluciones a los problemas.

Ese resultado que yo deseo de óptimo rendimiento, no me va a ser fácilmente alcanzable, a menos que desarrolle mis competencias de escucha, sensibilidad por las personas y de liderazgo facilitador/coach, por citar algunas.


Áreas de intervención del coach

  • Planificación de metas y planes de acción.

  • Comunicación eficaz (hablar y escuchar productivamente).

  • Desarrollo de relaciones que favorezcan la coordinación de acciones (competencia para crear contextos que las hagan posibles).

  • Crecimiento emocional (diseño de estados emocionales que apoyen los resultados deseados).

  • Liderazgo inspirador y autoliderazgo (aprender a ser el tipo de persona con la que todos quisieran trabajar).

  • Resolución de problemas y negociación (inventar caminos creativos para la superación de problemas estableciendo acuerdos con otros que generen beneficio para todas las partes).

  • Responsabilidad y compromiso profesionales (incrementar la libertad y poder de acción del directivo).

  • Trabajo en equipo (trabajar con otros tras de una visión compartida, utilizando los talentos individuales y hacerlo desde la confianza y el entusiasmo).

  • Visión personal (desarrollar una manera de ser que despierte pasión y compromiso y se refleje en la realidad cotidiana del directivo en la empresa).


Un coach ontológico contempla a la persona como un todo integrado por distintos dominios interrelacionados entre sí: lenguaje, emociones, cuerpo y espíritu y trabaja con su cliente en esas cuatro dimensiones.

El lenguaje es esencial: qué se dice, para qué se dice, cómo se dice y qué resultados se obtiene con ello. El coach ayuda al directivo a sostener conversaciones productivas consigo mismo –qué me digo- y con los demás para ganar en equilibrio interior, mejorar su identidad pública profesional y elevar el desempeño individual y conjunto de las personas a su cargo.

El coach presta especial atención a las emociones, pues éstas son determinantes en los resultados que se obtienen en las organizaciones. La emocionalidad por si misma actúa como predisposición a “hacer” o “dejar de hacer” y provoca que ciertos resultados sean posibles y otros no.

Estados de ánimo como el resentimiento y la resignación tan íntimamente ligados a la baja productividad en las empresas, son fácilmente detectables por el coach ontológico que sabe cómo desactivarlos de raíz y como generar en su lugar en la persona, aceptación y sana ambición como precursoras de la proactividad.

Además de enfocarse en lo cognitivo (interpretaciones, creencias, diseño de objetivos y planes de acción, etc.), en la esfera del lenguaje (mejora de la comunicación) y en los estados de ánimo que transita el directivo, el coach ontológico tiene en cuenta la dimensión del cuerpo y sabe “leer” en la postura general, gestualidad y fisiología que muestra su cliente.

En tanto que el cuerpo está en íntima conexión con el resto de dimensiones de la persona, intervenir en dicho dominio acelera el proceso de cambio elegido por el directivo e incluso deviene imprescindible para que éste se estabilice.

Nos queda finalmente hacer una breve referencia al dominio espiritual.

El coach tiene muy presente la necesidad de conexión del ser humano con algo mayor que uno mismo para dar sentido a lo que hacemos y acompaña al directivo para que sea todo lo que puede llegar a ser. Le conecta con su visión, misión y sus talentos y le alienta a poner en funcionamiento sus valores más profundos y su creatividad al servicio del trabajo diario en la organización.

 

Competencias y preparación del coach ontológico

Ejercer el coaching de forma rigurosa requiere por parte del coach haber seguido una formación integral (de un mínimo de 9 meses) basada en tres pilares: teoría, práctica y desarrollo personal (por ej.: durante su entrenamiento el aspirante tiene que pasar por un profundo proceso de coaching transformacional).

Además de la base de conceptos, teorías y herramientas de gestión, es imprescindible para una sólida capacitación haber incorporado las competencias clave para el éxito en el ejercicio profesional.

Estas competencias están relacionas con la habilidad para crear relaciones de confianza e intimidad con el cliente, comunicar efectivamente (escucha activa, preguntar poderosamente y comunicar directamente), reconocer emociones y gestionarlas, desarrollar comprensión en la persona, generar el cambio y pensar sistémicamente (el coach se centra no sólo en lo que cada persona hace en la organización, sino en cómo cada cual interactúa con los demás para generar los resultados esperados).

 

Creencias y valores

El coach parte de una serie de creencias sobre el ser humano, su desarrollo y sobre el coaching en base a las cuales asienta su práctica.

Algunas de ellas son: que las personas disponemos de un gran potencial y de todos los recursos internos que necesitamos para nuestro crecimiento, que aprendemos estimulados por preguntas y con nuevas distinciones, que podemos reinventarnos a nosotras mismos y a nuestras vidas y diseñar un futuro diferente si nos comprometemos firmemente con ello, que en la vida no hay fracasos, sólo resultados de los que podemos extraer valiosos aprendizajes, que nuestras expectativas sobre las capacidades de otros tienen un impacto directo sobre su actuación, que nuestras creencias crean nuestra realidad, que la información no cambia nuestra vida y la acción sí lo hace.

Otra vertiente a tener en cuenta son los valores que enmarcan el ejercicio de la profesión de coaching: Legitimación del otro (respeto de cada persona como un ser diferente), responsabilidad por las propias acciones, compromiso con la palabra dada y respeto sincero por todas las creencias, filosofías y costumbres.

Pero quizá, lo más importante que ha de emanar un coach es congruencia (lo que pienso, hago y digo está alineado), siendo un modelo de conducta en su rol profesional y fuera de él. Sólo puede hacerse auténtico coaching desde ese lugar. ¿Cómo sin congruencia puede generarse credibilidad?

Para ello, el coach está comprometido con su propio desarrollo constante y se mantiene atento a sus puntos ciegos sometiéndose periódicamente a procesos de supervisión de su desempeño profesional.


Elena Porté Solano
Coach Ejecutivocoaching@elenaporte.com
Socia fundadora de AEPCO
coaching@elenaporte.com


 
La felicidad: Una fórmula al alcance de todos
por Elena Porté Solano*
 

PALABRAS PREVIAS

La idea de escribir este pequeño estudio surgió del intercambio de inquietudes con un buen amigo acerca del tema que más energía ha movilizado a lo largo de la historia de la humanidad (consciente o inconscientemente las personas siempre hemos tratado de ser felices) y tras la lectura de diversas obras que recogen desde perspectivas distintas una fórmula de la felicitad (1).

De todas ellas, la planteada por Eduardo Punset(2) me pareció especialmente estimulante por el envoltorio de fracción matemática utilizado (y en el que me inspiro para presentar esta propuesta). Sin embargo, mi formación profesional y mi experiencia como coach me llevaron a mostrar que existen otros factores que deben ser tenidos en cuenta a la hora de “formular” la felicidad, en el supuesto de que ello fuera posible más allá de una aproximación meramente metodológica.

La pretensión de este artículo no es otra que la de relacionar los elementos que desde mi punto de vista y vivencia personal, resultan esenciales para que la experiencia de felicidad se instale progresivamente en la persona a través del trabajo interior del individuo y con independencia de cuales sean los factores exógenos que lo envuelvan.

Por tal motivo, en esta ocasión no me referiré a las herramientas o métodos a través de los cuales considero que se pueden incorporar estos factores. Dejo para otro momento entrar en el capítulo de los “como” y desarrollar el abanico de trabajos de crecimiento personal que corresponderían a cada uno de los apartados mencionados en el presente decálogo.

Quede aquí el testimonio de mi profunda gratitud hacia todos los profesionales y maestros excelentes que durante años me han acompañado de muy distintas maneras en la vivencia de los factores aquí reseñados y en el descubrimiento del camino de la felicidad. A todos ellos debo una parte muy importante de la persona que he aprendido a ser y de mi contribución actual y futura a la sociedad.

La fórmula de la felicitad de la que parto sería como sigue

 
Felicidad =
[ I ] Centramiento (Disfrute + Visión + Relaciones Personales + Contribución)
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
[F] Carga del Pasado + Resistencia a la vida + Miedo
 

En la fracción se dan unos factores Impulsores (I) y unos factores Frenadores (F).
Factores Impulsores / Factores Frenadores = Felicidad Reducida.



SUPERACIÓN DE FACTORES FRENADORES

 
1.- (RE) CONQUISTA DE UNO MISMO
 
CARGA DEL PASADO
  • Limpiar viejos aprendizajes: trascender los condicionamientos parentales y actitudes negativas construidos durante la infancia que provocan todavía en la edad madura la reproducción de patrones de comportamiento ineficaces, alejan de los resultados deseados y causan dolor.

  • Soltar lastres emocionales: disolver los estados de ánimo negativos originados de antiguo en los que se sigue estando atrapado y que drenan energía y alejan de hacer lo que se desearía hacer o del “hacer efectivo”. Perdonarse errores y perdonar. “Pasar página” e integrar el pasado.

  • Creencias propias: detectar y cuestionar valores y creencias sobre uno mismo, sobre los demás y sobre el mundo para recuperar autoridad interna y ganar integridad.

  • Creencias grupales: revisar juicios, normas y “etiquetas” sociales que condicionan Como hemos de ser y Qué tenemos que hacer.

  • Síntesis de los dos puntos anteriores: nombrarse a si mismo conductor de la propia vida y asumir la responsabilidad de la misma.


RESISTENCIA A LA VIDA
  • Aceptar lo que no se puede cambiar: hechos ocurridos, limitaciones físicas, historia personal... ¡Cuidado en distinguir bien entre imposibilidad real e ilusoria!

  • Trabajo corporal: deshacer bloqueos en el cuerpo para liberar la energía estancada a raíz de experiencias dolorosas y ponerla a disposición de todas las funciones vitales.

  • Aceptarse a uno mismo, la vida y a las personas sin resistencia, es el camino más directo para ganar en salud mental y física. La serenidad y espíritu animoso que nacen de la genuina aceptación, permiten dar la mejor respuesta a los retos que nos toca vivir con aquello que sí está en nuestra mano y que es mucho más de lo que a menudo imaginamos.

  • Aceptar es una inversión rentable: supone el primer paso en la transformación (literal) de situaciones vividas como problema.


MIEDO
  • Perder el “miedo a tener miedo” (dado que su rechazo no hace más que agravar la percepción de amenaza física o emocional y genera un gran sufrimiento) y escuchar lo que esta emoción tiene que comunicarnos de utilidad.

  • Alquimizar el miedo: convertirlo en un aliado y permitir que nos cuide y avise de nuestros recursos insuficientes para afrontar la situación percibida como peligrosa. Transformar en fortaleza la limitación o carencia señaladas por el miedo, a través del aprendizaje y la acción idóneos.

  • Debajo del temor recurrente se esconde a menudo nuestra mayor virtud o talento. El miedo contiene en su interior, si sabemos verlo, el antídoto contra la experiencia temida que suele ser un recurso interno de gran potencial de desarrollo para salir exitosos de la misma.

Cuando los factores Frenadores se transmutan en positivo (a través del trabajo personal), el denominador queda neutralizado y los elementos que lo componían pasan a ser factores Impulsores de la felicidad.

 


Felicitad =Centramiento ( Disfrute + Visión + Relaciones Personales + Contribución ) + Limpieza del pasado + Aceptación + Miedo alquimizado
 
 
 
FACTORES IMPULSORES
 
2.- VIVIR EN PLENITUD
 
CULTIVAR EL CENTRAMIENTO
  • Mantener la conexión firme con el cuerpo atendiendo y experimentando el rosario de sensaciones que se suceden dentro nuestro de forma permanente, proporciona la paz necesaria para reconocer y gestionar las propias emociones.

  • Del centramiento brota de forma natural la energía que impulsa a comprometerse con un propósito y el amor por lo que hacemos y por las personas que nos rodean. De nuestro centro emanan también todos los recursos que necesitamos para sentirnos realizados y ser felices.

  • Permanecer centrado viviendo la experiencia presente con apertura y conciencia, es abrirse a la fuente de plenitud.

El centramiento es el verdadero potenciador del resto de factores Impulsores de la felicidad.

 
  1. Disfrute

  • Saborear en cada momento las cosas grandes y pequeñas (y si no se consigue... tomarlo con ligereza y volverlo a intentar ?).

  • Jugar, pasárselo bien y reír. También de uno mismo (¡Con compasión!).

  • Disfrutar de los procesos. Del trayecto en si mismo, más que de la llegada a la meta. Convertirse en aventurero de la vida.

  • Permitirse equivocarse como fuente de aprendizaje constante. Si quitamos dramatismo a los fracasos y sabemos reciclar de ellos el lado útil y positivo, tendremos distracción productiva asegurada.

  • “Viajar en ultraligero” por la vida contemplando el panorama de las cosas y situaciones sin perder el detalle y desplazarse de un foco al otro saboreando la melodía de las experiencias.

  1. Visión

  • Construir una visión desafiante e inspirarse en ella para dar dirección y sentido a la propia vida. Hacerlo basándose en principios éticos y necesidades de nuestro tiempo nos conecta con la esencia de quién somos y qué somos y nos pone en contacto con nuestro mayor potencial.

  • Clarificar el propósito de la vida, permite definir una misión personal, seleccionar de forma coherente en el momento presente las acciones individuales y los valores que las orientan y da solidez para actuar más allá de nuestras posibilidades.

  1. Relaciones Personales

  • Cultivar relaciones amplias, variadas y de calidad sea cual sea el tipo de vínculo.

  • Cooperar en grupos, redes o comunidades como fuente de intercambio y de enriquecimiento permanentes.

  • Respetar a las personas en su individualidad, aceptar puntos de vista diferentes. Dar amor.

  • Abrirse al otro genuinamente y escuchar antes de ser escuchado.

  • Comunicarse de forma abierta, honesta y eficiente.

  • Generar confianza en las personas.

  • Pensar en términos de “ganar todos” y de colaboración conjunta para producir resultados más ricos y de mayor alcance. ¡Dejar de ir solos por la vida!

  • Autoliderarse antes de liderar.

 
CONTRIBUCIÓN
  • Descubrir los propios dones y talentos singulares y ponerlos al servicio del trabajo diario proporciona altas cotas de felicitad y tiene una eficiencia óptima en términos de esfuerzo y de rendimiento. Nadie hace mejor que uno mismo aquello para lo que está más capacitado, tiene disponible de forma natural y le resulta fácil de hacer. ¡¿Porqué extenuarse para acabar siendo una –mala- réplica ajena?!!
    El entorno nos agradecerá que nos dediquemos a desarrollar y a enriquecer nuestra especial contribución, a través de la práctica diaria, del estudio y del perfeccionamiento continuado de nuestras aptitudes
    .

  • Permitirse brillar con luz propia supone permitir lo mismo a los demás y contribuye, adicionalmente, a la felicidad de quien nos rodea. Cuando se vive de acuerdo con un propósito elevado se inspira a los demás a actuar de forma similar.

  • Dejarse llevar por el flujo abundante del binomio dar-recibir. La paradoja es que sólo se tiene –y retiene- lo que se da y practicar la generosidad consciente deviene una fuente incomparable de felicidad y al tiempo de prosperidad a todos los niveles; mental, emocional y material.

Un efecto secundario de experimentar el dar-recibir: ¡Confianza en la vida!

La Contribución (vivir plenamente la individualidad aportando a los demás lo mejor de nosotros), es junto con el centramiento el factor más importante de la fórmula. Y tanto es así, que si hubiésemos de reducirla a su mínima expresión o tuviéramos que destilar su esencia, dejaríamos como únicos estos dos factores que llamamos precursores de felicidad (plenitud).

Pero, pera llegar a vivir centrado y ser del todo uno mismo ganando así la más grande de las conquistas; la del autoconocimiento (que lleva a identificar la contribución personal), ya hemos dicho que es necesario superar primero los aspectos Frenadores a través de un trabajo personal profundo y comprometido.

Hacer los deberes” tiene premio: el regalo de la libertad interior y del sentimiento de gratitud. ¿Y qué son estos elementos sino indicadores de felicidad?

Así pues, en nuestra opinión, la superación de los factores Frenadores y el desarrollo de los factores Impulsores es lo que permite vivenciar una felicidad plena.

Felicitad Plena = factores Impulsores + factores Frenadores transmutados

 
 
FELICIDAD INDIVIDUAL Y COLECTIVA: DOS FÓRMULAS ENLAZADAS
 

Haciendo lo que es más auténtico en cada uno de nosotros y practicando todos los factores de la “fórmula de la felicidad”, devendremos seres integrados y sólidamente conectados a la vida y estaremos contribuyendo de forma natural a hacer de nuestros entornos lugares más estimulantes. Ello pasa por el cambio individual, por la acción personal sostenida y por la propagación del “virus” del respeto, del compromiso y de la generosidad.

Sin duda, la fórmula de la felicidad colectiva demanda también una transmutación de factores Frenadores colectivos. Un cambio que será la suma de experiencias individuales de plenitud. Un mundo mejor es posible si todos jugamos con interés a ser más felices.


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*Coach Ejecutivo
(entrenadora de desarrollo personal y profesional).
coaching@elenaporte.com

 
 
1 - Punset, Eduardo: “El Viaje a la Felicidad, Las nuevas claves científicas”. 2005, 15ª edición.
Happiness, A strangely newfangled idea”. The Economist print edition. Jan 12th 2006.
Affluence, Happiness (and how to measure it)”.The Economist print edition. Dec 19th 2006.

2-
Vid. obra de Eduardo Punset citada en nota 1.